Bibliotecas públicas: un refugio contra la crisis

Hoy cerramos la semana con una reflexión sobre cuál es el papel que están jugando las bibliotecas dentro de la dinámica de cambios sociales que nos rodean y cuál es la línea directriz a trazar para mejorar los servicios que prestan.

La acción social de las bibliotecas
Fuente: imagen reproducida de la Web de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez

Para ello, reproducimos el artículo titulado Bibliotecas públicas: un refugio contra la crisis, de Luisa del Rosario, publicado en Canarias 7 el 5 de noviembre de 2012, del cual se hizo eco igualmente nuestra compañera María Esther Núñez Murillo en su blog Lecturas archivadas.

39 de las 158 bibliotecas públicas que existen en las Islas están en Gran Canaria. Unos espacios que, a pesar de la crisis, o tal vez, precisamente, por ella, lejos de languidecer reciben cada vez a más ciudadanos con ganas de leer y con un perfil que ha cambiado a lo largo de la década.

Entre 2000 y 2010 en las Islas se cerraron 40 bibliotecas. Sin embargo, se abrieron 21  nuevas de titularidad pública, según los últimos datos de que dispone el Ministerio de Cultura. La crisis ha hecho que sus servicios sean más demandados por los ciudadanos y, de hecho, tanto las municipales como la Insular o la del Estado han aumentado considerablemente el número de usuarios.

Georgina Roselló, la coordinadora de las doce bibliotecas municipales de la capital grancanaria, explica que estos centros, ubicados en los barrios, «son un recurso fundamental de la comunidad». Y ahora, con la crisis, más. «Muchos de nuestros usuarios son personas que están en paro y que ven la biblioteca como un refugio. Aquí pueden leer la prensa, un libro o navegar por Internet». Pero, además, ofrecen servicios como la Telebiblioteca, ligada a la Biblioteca de San Juan, un recurso para que personas con minusvalía o mayores de 75 años reciban los libros en préstamo en su propia casa. O el Proyecto Tic-Tac, en la biblioteca Dolores Campos-Herrero, que apoya a los colectivos con riesgo de exclusión digital.

Han cambiado las bibliotecas, los usuarios, y los bibliotecarios, añade Carlos García, responsable de la Biblioteca Insular. Porque la estabilidad de las plantillas, asegura, ha permitido abordar proyectos de animación a la lectura hacia distintos colectivos, mejorar el asesoramiento a los usuarios y abrir el debate entre los propios centros de documentación. Así, el próximo 23 de noviembre se reúnen en Arucas en el que ya será el 14º Encuentro Bibliotecario.

Lo peor, apunta, que se han recortado las partidas de compra. El Estado no aporta un euro desde noviembre de 2011. La suerte, añade García, es que el Cabildo de Gran Canaria sí tiene consignada una cantidad anual para ello y, el préstamo interbibliotecario, añade,  hace que las municipales de la Isla lo noten menos. «Ha sido su tabla de salvación», añade.

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